Por Norma A. Hernández / PUERTO VALLARTA, JALISCO.- Vallarta Nayarit Gastronómica 2026 volvió a convertir a Puerto Vallarta en una mesa abierta al mundo, en la que grandes figuras de la cocina internacional convivieron con los sabores que dan identidad a México y con la riqueza gastronómica del Pacífico. Una invitación a probar, aprender y, sobre todo, descubrir nuevas maneras de disfrutar la gastronomía.
La experiencia se extendió a una serie de eventos privados que acompañaron el programa gastronómico, desde el cóctel de bienvenida Jalisco Vibes hasta la Cena de Embajadores, la Cena de Gala y la Cena de Clausura. Y en este caleidoscopio de sabores, destaca de manera especial la comida VIP celebrada en el restaurante Punta Sal Sea & Grill del hotel Sheraton Buganvilias Puerto Vallarta. Una comida espectacular ofrecida a chefs, autoridades y patrocinadores premium, muy exclusiva.

El menú de la comida VIP fue servido por los chefs de Sheraton Buganvilias, de Puerto Vallarta, Jalisco y chefs y mixólogos invitados, de Ciudad Juárez Chihuahua, San Miguel de Allende, Guanajuato, y Guadalajara, Jalisco.
Un menú que viaja del desierto al mar
La experiencia comenzó con Raíz, un cóctel de bienvenida creado por el mixólogo Óscar Olvera, de Ciudad Juárez, Chihuahua. Sotol, vermut de desierto, miel de durazno, nuez pecana y aire de pinole integraron una combinación que evocó los sabores del norte de México. La propuesta destacó por la convivencia entre notas herbales, dulces y tostadas, con ingredientes que aportaron identidad al primer encuentro con el menú.

A continuación llegó la amenidad del chef: Garra de León, preparada por el chef Erasmo del restaurante Punta Sal. El bocado se acompañó con Feudo Arancio Tinchité Grillo, vino blanco de Terre Siciliane IGT, dando inicio a una secuencia de maridajes que buscó acompañar los distintos perfiles de sabor de la comida.
Pulpo a la talla: identidad del Pacífico
El chef Rafael Ramírez, de Sheraton Puerto Vallarta, presentó un tentáculo de pulpo a la talla con tortilla en dúo de maíz. La preparación retomó una de las expresiones más reconocibles de la cocina costera mexicana y la llevó a una presentación contemporánea, con el maíz como compañero natural del pulpo.

El maridaje fue un Sauvignon Blanc con Chardonnay de Sole Vivo, de Finca TRE, Valle de Guadalupe. La combinación de variedades permitió acompañar el carácter del plato sin perder de vista sus notas marinas y el sello de la preparación a la talla.
Atún con garambullo y piloncillo: contraste mexicano
Desde Guanajuato, el chef Domingo Martínez propuso atún ligeramente curado con ponzu de garambullo, tapioca y piloncillo picante.

Este tiempo destacó por el contraste de sabores y texturas: el atún como protagonista, la acidez del ponzu para aportar equilibrio y el garambullo —fruto de zonas áridas mexicanas— como ingrediente distintivo. El piloncillo picante sumó un matiz dulce y especiado, mientras la tapioca incorporó una dimensión diferente a la composición.
La preparación se acompañó con un espumoso Merlot de Tierra de Luz, una elección que aportó una pausa refrescante en medio de la progresión de sabores.
Trucha salmonada con acento italiano
El chef Gaetano Simonetti, radicado en Puerto Vallarta, presentó carpaccio di finocchi e trucha salmonada, una preparación de inspiración italiana en la que el hinojo y la delicadeza de la trucha marcaron el perfil del plato.

El acompañamiento elegido fue un Colli Euganei Pinot Grigio, delle Venezie DOC, de Italia. La selección mantuvo la línea fresca del menú y reforzó el diálogo entre la cocina internacional y los productos del mar, uno de los ejes de la experiencia.
Rib eye, kombu y erizo: mar y tierra en un mismo plato
Uno de los tiempos centrales fue el rib eye envuelto en alga kombu, con corazón de nopal, erizo y jugo de res, a cargo de Jesús Vázquez Collazo, de San Miguel de Allende, Guanajuato.

La propuesta reunió ingredientes de perfiles muy distintos: la intensidad de la carne, las notas marinas del kombu y el erizo, y la personalidad vegetal del nopal. El jugo de res aportó continuidad al conjunto, mientras que el uso de algas y productos del mar tendió un puente entre dos universos culinarios que en Punta Sal conviven de manera natural.

El maridaje fue Tequila Casa Dragones Joven, elaborado mediante una mezcla de tequila blanco 100% de agave azul y tequila extra añejo reposado en barricas nuevas de roble americano. Su presencia llevó la experiencia hacia los destilados mexicanos y añadió un cierre de carácter al segmento salado del menú.
Tiramisú para cerrar con un clásico
El final dulce estuvo a cargo de Martha Castrejón, de Café Obrero, en Guadalajara, Jalisco, quien presentó un tiramisú, clásico italiano que puso el acento en la tradición y la elegancia de la sencillez.

Para acompañarlo se eligió el vermut ecológico El Polvorí de Raimat, un maridaje que cerró la secuencia con una alternativa distinta a los vinos servidos durante los tiempos anteriores.
Más allá de cada preparación, el menú destacó por la diversidad de procedencias de sus creadores y por la intención de dar cabida a ingredientes mexicanos, técnicas internacionales y bebidas seleccionadas para dialogar con cada plato.
En el contexto de Vallarta Nayarit Gastronómica, Punta Sal demostró cómo un restaurante de hotel puede convertirse en anfitrión de encuentros culinarios que van más allá de su carta habitual: una plataforma para reunir talento, explorar ingredientes y presentar distintas maneras de entender la cocina actual.
Al final, el valor de esta comida estuvo en la suma de sus elementos, una secuencia de platos con identidad, bebidas que acompañaron el recorrido y chefs de diferentes regiones compartiendo una misma mesa.
ACERCA DE PUNTA SAL
El restaurante Punta Sal Sea & Grill apuesta por una carta que privilegia los productos del mar durante la tarde y amplía sus posibilidades por la noche, con una oferta de mar y tierra. Entre sus especialidades figuran cortes Angus como Cowboy, New York y Tomahawk, además de langosta, camarones tigre y ostiones.
Combina una atmósfera contemporánea con materiales y detalles de carácter natural, servicio atento y música ambiental. La vista a la bahía de Banderas completa el entorno, especialmente al atardecer, cuando el paisaje del Pacífico se convierte en parte de la experiencia de la mesa.







