Por Norma A. Hernández / PUERTO VALLARTA, JALISCO.- La cocina francesa volvió a seducir a Puerto Vallarta desde su esencia más pura: la del tiempo, la técnica y el respeto absoluto por las recetas tradicionales. Durante tres noches, el restaurante Gaviotas del Hotel Sheraton Buganvilias Resort se transformó en un elegante escaparate del “fine dining” clásico gracias al festival culinario encabezado por el chef francés Régis Lacombe, quien ofreció mucho más que una cena: una experiencia gastronómica cargada de memoria, narrativa y tradición.

Lejos de las tendencias aceleradas de la cocina contemporánea, Lacombe apostó por revivir preparaciones ancestrales que hoy rara vez aparecen en restaurantes comerciales debido a la complejidad de sus procesos. El resultado fue un viaje culinario íntimo y sofisticado que conectó a los comensales con la esencia histórica de la gastronomía francesa.

Uno de los momentos más celebrados del menú fue la auténtica Sopa de Cebolla Parisina, elaborada bajo la receta clásica que exige hasta seis horas de cocción lenta y el uso específico de cebolla amarilla para alcanzar la profundidad de sabor que caracteriza a este platillo emblemático. El chef explicó que muchos restaurantes han simplificado el proceso para reducir tiempos operativos, sacrificando así la complejidad aromática que distingue a la receta original.

Esa filosofía de respeto por las bases culinarias estuvo presente en toda la experiencia. Desde los fumets de pescado y fondos de ternera preparados desde cero, hasta las salsas y reducciones elaboradas lentamente, cada plato reflejó la disciplina técnica de la alta cocina francesa tradicional.
El recorrido gastronómico comenzó con un Gazpacho Mediterráneo “a nuestra manera”, fresco y elegante, seguido por una refinada Ensalada de Occitania “au foie gras”, integrada por mollejas de pato, pechuga ahumada e higos frescos que equilibraban notas dulces y salinas con gran sutileza.
Festival de Cocina Francesa
Entre los platos fuertes destacó el Robalo rostizado acompañado de verduras glaseadas con cítricos y salsa de estragón, una preparación delicada que resaltó la frescura del producto. También sobresalieron las Costillas de cordero al ajo y perejil servidas con jugo al tomillo, “caviar” de berenjena y papas cambray, así como un impecable Rib eye a la parrilla con salsa de hongos silvestres, papas a la francesa hechas en casa y ensalada tierna.

Para quienes prefieren sabores reconfortantes, el estofado de ternera estilo bistrot ofreció una interpretación clásica de la cocina francesa de tradición familiar, servido con un puré de papa perfectamente cremoso.


Los postres cerraron la experiencia con dramatismo y elegancia. La tradicional Tarta Tatín —cuya historia, según relató Lacombe, nació accidentalmente gracias a las hermanas Tatin mientras preparaban un postre para la realeza francesa— apareció acompañada de crema chantilly hecha en casa.
Después llegó un delicado Soufflé de Grand Marnier con salsa de chocolate, antes de dar paso a uno de los momentos más teatrales de la noche: las Crepes Suzette flameadas en la mesa del comensal.

Más allá del menú, uno de los elementos más atractivos del festival fue precisamente el “storytelling culinario” del chef francés, quien entre platillo y platillo compartió anécdotas históricas sobre Napoleón, las sopas servidas a soldados franceses y el origen humilde de la tradicional bouillabaisse nacida entre pescadores de Marsella.

El éxito del festival confirma el creciente interés de Puerto Vallarta por propuestas gastronómicas internacionales de alto nivel y demuestra cómo este tipo de experiencias enriquecen la oferta culinaria del destino, particularmente en un momento donde el turismo gastronómico y el “fine dining” continúan posicionándose entre las principales tendencias globales de viaje.
Tras la positiva respuesta de los asistentes, quedó abierta la posibilidad de futuras ediciones que podrían integrar brunches franceses, cenas regionales y nuevas experiencias culinarias inspiradas en distintas zonas de Francia, consolidando así a Puerto Vallarta como uno de los destinos gastronómicos más dinámicos del Pacífico mexicano.

Notas: El slow dining es una filosofía inspirada en el movimiento Slow Food que busca transformar la comida en una experiencia consciente, promoviendo ingredientes locales, cocinas tradicionales y el disfrute relajado sin prisas.
El fine dining (alta cocina) ofrece una experiencia gastronómica de lujo centrada en menús de degustación, ingredientes de la más alta calidad, servicio coreografiado y un ambiente exclusivo.







