Por Norma A. Hernández / RIVIERA NAYARIT.- Entre burbujas, notas de saxofón y una atmósfera teñida de rosa, Vallarta Nayarit Gastronómica dio el primer golpe de estilo de su calendario 2026. “The Brunch Women Edition” se desplegó como una experiencia cuidadosamente diseñada, en la que cada detalle fue pensado para celebrar con sofisticación el preámbulo del Día de las Madres.
Lejos de un brunch convencional, la cita en el restaurante Amalfi del Marival Emotion Riviera Nayarit by Mercure apostó por una narrativa sensorial completa: decoración delicada, ritmo musical envolvente y un menú de autor que convirtió la mañana en un recorrido gastronómico de alto nivel, creado para disfrutarse entre brindis, complicidades y momentos memorables.
The Brunch, un evento de VNG 2026
La presencia de Consuelo Elipe y Carlos Elizondo, directores de Vallarta Nayarit Gastronómica, subrayó el espíritu del encuentro: una antesala de lo que vendrá en su edición anual, pero también el arranque de una serie de experiencias gastronómicas que buscarán mantenerse a lo largo del año.

Por parte de Grupo Marival destacó la presencia de Daphne Fernández, gerente general de Marival Emotions Resort & Suites, y Jorge Castro, gerente general de Marival Distinct Luxury Residences, quienes dieron la bienvenida a los comensales.




Menú en rosa…
La experiencia arrancó con smoothies de frutas tropicales, refrescantes y vibrantes, antes de dar paso a las burbujas: una mimosa reinterpretada con raicilla y un Prosecco brut que abrían el apetito con elegancia.


El menú —un recorrido de nueve tiempos— fue una conversación entre dos talentos: el chef Abel Hernández y la chef anfitriona Marcela Ramírez, quienes construyeron un diálogo culinario equilibrado entre técnica, producto y creatividad.
Complementaron la experiencia el mixólogo de Grupo Marival, Jesús Donat, así como de las sommeliers Lorena Morales, de Vinos América, y Sarahy Leymont, de Sake Koi.


El primer impacto llegó con la Crème Brûlée de Foie Gras Huerto Marino, de Hernández: untuosa, delicada, con ese contraste entre lo caramelizado y lo profundo del foie, elevada por un maridaje con tequila que sorprendía por su armonía.
Marcela Ramírez respondió con frescura, un Callo de León con aguachile de piña, en el que la acidez tropical y el picor sutil realzaban la textura del molusco, acompañado por un Sake Nigori sedoso que aportaba equilibrio.


El tercer acto, un Crudo de atún a la ratatouille Vistamar Brisa, mostró la precisión de Hernández: limpio, vegetal, con notas mediterráneas que dialogaban con un Sauvignon Blanc chileno, fresco y aromático.

El brunch avanzó hacia terrenos más reconfortantes con un Cannoli de camarón relleno de cangrejo, creación de Ramírez: crujiente por fuera, cremoso por dentro, acompañado de un cóctel salino que evocaba la brisa del Pacífico.

Uno de los momentos más memorables del bru llegó con los Chilaquiles tatemados con chamorro del chef Abel Hernández, cargados de intensidad, humo y tradición en clave contemporánea, potenciados por un nchcóctel con mezcal que prolongaba las notas ahumadas.
La cocina de Ramírez volvió a brillar con un Tamal de pato en hoja santa y mole de café, profundo, aromático, en el que cada elemento encontraba su lugar, acompañado por un cóctel de raicilla que sumaba carácter.

El cierre salado fue un Croissant sándwich con salsa de quesos, una propuesta indulgente de Hernández que combinaba técnica francesa con guiños reconfortantes, armonizado con un rosé del Valle de Guadalupe.
Los postres pusieron el broche final. Primero, un Mousse de chocolate con esencia de trufa, elegante y seductor, seguido por unas Fresas Jubilee, clásicas y festivas, acompañadas de un moscato dulce que celebraba el momento con ligereza.

Detrás de cada tiempo, el trabajo conjunto de mixología y sommelería —con etiquetas, destilados y propuestas bien ejecutadas— elevó la experiencia a otro nivel, logrando que cada plato encontrara su mejor aliado en copa.
“The Brunch Women Edition” fue, en esencia, un homenaje: a las madres, a la amistad, al buen vivir. Un evento entrañable y sofisticado que encontró en la gastronomía su lenguaje más elocuente para celebrar —como dicta su código de vestimenta— la vida… en rosa.








