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Festival Sheraton: una noche para celebrar la cocina y la hospitalidad de Gaviotas

Una noche para celebrar 45 años de hospitalidad, pero también para reconocer al talento que hoy pone sabor a la historia de Sheraton Buganvilias Puerto Vallarta.

Por Norma A. Hernández / PUERTO VALLARTA, JALISCO.- ¿Qué sucede cuando siete chefs de casa reciben carta abierta para cocinar aquello que los representa? La respuesta se sirvió en ocho tiempos este sábado en Gaviotas, donde el Festival Sheraton reunió sabores de Jalisco, productos del mar, técnicas contemporáneas y una buena dosis de creatividad en una cena que, más que celebrar 45 años de historia, puso el foco en las personas que hoy escriben la historia gastronómica de Sheraton Buganvilias Puerto Vallarta.

La noche comenzó con un plato de cerdo al epazote y terminó entre piña, coco y chile. Entre ambos extremos hubo huachinango, robalo, birria, flor de calabaza, queso de cabra y una sucesión de sabores que contaron, tiempo a tiempo, la historia de quienes están detrás de las cocinas de Sheraton Buganvilias. Así transcurrió el Festival Sheraton, una cena íntima en la que la gastronomía fue también una celebración de casa.

Menú del Festival Sheraton en el restaurante Gaviotas.
Xoxoyote al Mole en el Festival Sheraton del restaurante Gaviotas.

A partir de las 7 de la noche, una buena parte de las mesas de Gaviotas estaban ocupadas por huéspedes y comensales locales que llegaron para disfrutar una cena de ocho tiempos creada por siete chefs de casa. La atmósfera fue íntima, relajada y especialmente cálida, acompañada por la música de piano del maestro Roberto, que aportó un elegante fondo sonoro a la experiencia.

Pero si algo hizo diferente esta cena fue la cercanía…

Cada uno de los chefs salió a presentar personalmente su creación; hablaron de los ingredientes, explicaron técnicas y compartieron pequeños detalles detrás de cada plato. No fue simplemente una sucesión de tiempos, sino una oportunidad para conocer a las personas que diariamente están detrás de las cocinas de los diferentes establecimientos gastronómicos del hotel.

Ruben Valenzuela AyB Sheraton Buganvilias
Rubén Valenzuela, A y B de Sheraton Buganvilias.

Y ahí estuvo, quizá, uno de los grandes aciertos de la noche.

En palabras de Rubén Valenzuela, gerente de Alimentos y Bebidas de Sheraton Buganvilias, se trató de un “menú de amigos”, creado por los “artistas de casa”. Y la expresión resulta bastante precisa: los chefs participaron desde un lugar de orgullo y entusiasmo, presentando platos que les permitieron salir de la rutina de sus turnos habituales para poner sobre la mesa algo de su propia personalidad.

Una cena que comenzó con identidad mexicana

El primer tiempo fue Xoxoyote al Mole, creación de la chef Carolina Arriaga: cerdo al epazote acompañado de frijol cremoso, cilantro y flor de ajo.

Desde el inicio, la propuesta dejó clara la intención de la cena: trabajar con sabores reconocibles y llevarlos a una presentación contemporánea, sin perder de vista ingredientes profundamente vinculados con la cocina mexicana.

Siguió el Fresco Tropiezo de Huachinango, del chef Juan Erasmo Carbajal, un pescado marinado en aguachile verde, acompañado de falso caviar de mango y un delicado juego de notas dulces y cítricas. Un tiempo fresco y ligero, ideal para abrir paso a los siguientes platos.

Técnica, producto y contrastes

El tercer tiempo estuvo a cargo del chef Rafael Ramírez, con una Croqueta de bechamel rellena de queso de cabra y chorizo de Talpa, acompañada de alioli de pimiento rojo y un pesto de epazote y habanero.

Aquí apareció uno de los contrastes más interesantes de la noche: la cremosidad y suavidad de la croqueta frente al carácter del chorizo, el picante del habanero y las notas herbales del epazote.

El chef Humberto Carrasco presentó después su Curado de robalo, elaborado con finas láminas de pescado acompañadas de aceite de chiles, alga kombu, pasta de rocoto y salsa ponzu; una propuesta en la que las influencias asiáticas y latinoamericanas dialogaron con un producto del mar.

Y entonces llegó una pequeña pausa refrescante, el Sorbete de bugambilias del chef Rubicel de La Rosa, fresco y cítrico, acompañado de una esfera de menta.

Más que un simple intermedio, funcionó como un respiro entre los sabores de los primeros tiempos y lo que vendría después.

Jalisco también se sienta a la mesa

Uno de los platos que mejor conectó con la identidad regional fue el Sope Corazón, del chef Marco Antonio Alonzo. La propuesta parte de una masa de maíz azul y la acompaña con birria jalisciense, esferificaciones de jocoque, brotes frescos y cremoso de aguacate.

El resultado llevó un platillo profundamente asociado con Jalisco hacia un terreno más contemporáneo, sin desprenderlo de su esencia. La birria aportó profundidad y carácter, mientras que los elementos frescos y cremosos equilibraron el conjunto.

El séptimo tiempo fue un Ravioli del chef Alexis del Moral, relleno de flor de calabaza y queso de cabra, bañado en salsa morita y yaca. Una combinación que volvió a jugar con los contrastes: la delicadeza de la flor de calabaza y el queso frente al carácter ahumado y especiado de la salsa.

El cierre: tropical, dulce y con un toque de chile

Para el postre, la chef Carolina Arriaga volvió a tomar la palabra con Piña al Huimanguillo, acompañada de helado de coco y un streusel frío de chile.

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Piña al Huimanguillo, creación de la chef patrón de Gaviotas, Carolina Arriaga.

El plato cerró la cena con una combinación tropical que mantuvo el espíritu de contrastes presente durante buena parte del menú: dulzor, frescura, cremosidad y ese ligero golpe de chile que invita a dar un último bocado.

Más que una cena, una celebración de casa

Lo más disfrutable del Festival Sheraton no estuvo únicamente en la variedad de los ocho tiempos. Estuvo en la manera en que el equipo de Sheraton Buganvilias decidió presentarse ante sus invitados. Los chefs no permanecieron detrás de la cocina sino que salieron a la sala, hablaron de sus platos, explicaron sus ingredientes y compartieron con los comensales el trabajo que hay detrás de cada creación.

Con el restaurante casi lleno y una atmósfera que se volvió cada vez más cercana conforme avanzaba la noche, quedó claro que la intención iba más allá de celebrar los 45 años del hotel.

También se trató de celebrar a quienes hacen posible su propuesta gastronómica.

La calidez y anfitrionía fueron, de hecho, algunos de los ingredientes que mejor acompañaron la cena. Desde el recibimiento hasta la interacción de los chefs con las mesas, hubo una sensación genuina de estar invitados a una celebración de casa.

Y quizá esa sea la mejor manera de describir esta edición del Festival Sheraton: una cena que permitió conocer el talento detrás de los restaurantes del hotel, pero también sentarse a la mesa con quienes hacen de la hospitalidad su oficio.

En un destino gastronómico como Puerto Vallarta, donde cada vez hay más propuestas para descubrir, experiencias como esta recuerdan que la cocina también puede ser una forma de contar historias: la historia de un hotel, de sus cocineros y de una ciudad que sigue encontrando nuevas maneras de celebrar alrededor de una mesa.

Norma Hernández
Norma Hernándezhttp://onbahiamagazine.com
Egresada de la carrera Lic. en Turismo de la UdeG. Diplomada en Comunicación Periodística por la UNAM. Profesional de la comunicación, con una pasión innata por el periodismo y una experiencia de 34 años en esta profesión. A lo largo de su carrera, ha desempeñado roles destacados como editora de periódicos y revistas, lo que le ha permitido adquirir un conocimiento profundo del mundo editorial y una visión privilegiada sobre cómo contar historias de manera efectiva. Sin embargo, su verdadera pasión se encuentra en la escritura de turismo, gastronomía y viajes.
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