Por Norma A. Hernández / CABO CORRIENTES, JALISCO.- Entre montañas, caminos de terracería y el aroma ahumado del agave cocido, la raicilla encuentra en Hacienda El Divisadero algo más que un lugar de producción: un relato vivo. Ahí, en la comunidad de Las Guásimas, en Cabo Corrientes, este destilado ancestral se transforma en experiencia, orgullo y motor económico, como lo cuenta su director, Jorge Luis Carbajal.

“Aquí no solo hacemos raicilla, contamos una historia”, dice Carbajal, mientras describe el proceso que da vida a cada botella. En Hacienda El Divisadero, la producción mantiene métodos tradicionales que han pasado de generación en generación, desde la selección de agaves silvestres hasta prácticas como el majado, en el que la piña se tritura de forma artesanal.

El proyecto, explica, forma parte de la denominación de origen de la raicilla, lo que respalda su autenticidad y garantiza estándares de calidad que hoy le permiten competir en mercados más amplios.

“Antes había mucho desconocimiento. La gente asociaba la raicilla con algo clandestino o incluso riesgoso. Hoy eso cambió: hay control, hay procesos, hay identidad”, afirma.
Hacienda El Divisadero: turismo, tradición y paisaje
Ubicada en la comunidad de Las Guásimas, dentro del municipio de Cabo Corrientes, Hacienda El Divisadero se ha convertido en un punto de interés para el turismo rural en la costa de Jalisco. Rodeada de vegetación serrana y con vistas privilegiadas hacia el Pacífico, el sitio ofrece una experiencia integral que va más allá de la degustación.

Los visitantes pueden recorrer los campos de agave, conocer hornos de cocción tradicionales, observar el proceso de destilación y entender las diferencias entre las variedades de la planta utilizadas en la región. Todo esto en un entorno que conserva el ritmo pausado del campo jalisciense.
“Queremos que la gente viva la raicilla, que entienda de dónde viene y por qué sabe así”, explica Carbajal.
La producción, sin embargo, sigue siendo limitada. En un buen año, Raicilla Hacienda El Divisadero alcanza alrededor de 4 mil 500 litros, una cifra que subraya su carácter artesanal y exclusivo. La mayor parte se comercializa en México, aunque una pequeña proporción comienza a abrirse paso en mercados internacionales.

Este crecimiento también responde a la organización del sector. La creación del Consejo Mexicano Promotor de la Raicilla marcó un antes y un después, al formalizar la industria y dejar atrás décadas de producción no regulada.
Tiempo de maduración
Pero no todo es sencillo. Uno de los principales retos es la disponibilidad de agave. “No es un cultivo inmediato. Hay que esperar entre 9 y hasta 20 años para que madure, dependiendo de la especie”, señala Carbajal. Esta realidad impacta directamente a las cerca de 42 familias que, en Cabo Corrientes, dependen de esta actividad.
Aun así, la raicilla vive un momento clave. Su perfil sensorial, sus procesos artesanales y su historia la han posicionado como un destilado único frente a otros como el tequila o el mezcal.
“Lo más importante es que no perdamos la esencia. La raicilla es identidad, es territorio… y es futuro”.






